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CRISIS DE ANGUSTIA

 

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“El miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son”.

Tito Livio (59 Ac-64 AC) Historiador romano.

¿Qué es una crisis de angustia?

También se llama crisis de ansiedad o ataque de pánico: se trata de la aparición más o menos repentina y muchas veces sin motivo aparente de una sensación de miedo intenso acompañado de malestar corporal a través de determinados síntomas que varían mucho de unas personas a otras: palpitaciones, sudoración, temblores, desmayo, sensación de ahogo y miedos varios como a perder el control o volverse loco o el miedo a morir.

En general las personas que sufren crisis de angustia la describen como un miedo intenso con sensación de muerte inminente por estar a punto de sufrir un infarto o un “derrame cerebral”.

Este tipo de pensamientos y sensaciones son tan fuertes y duros que hacen que la persona intente escapar como sea del lugar donde se encuentra y buscar ayuda médica de urgencias.

¿Qué es la ansiedad anticipatoria?

El estado de malestar que se produce como consecuencia de sufrir un ataque de pánico. La persona que lo manifiesta vive atemorizada ante la posibilidad de que este se repita; Se define como “miedo al miedo” la persona esta continuamente pendiente de sus sensaciones corporales manteniéndose alerta ante posibles señales de aviso.

Por supuesto existen diferencias individuales: en algunos casos ocurre tras 1 ó 2 crisis mientras que a otras nunca les ocurre incluso tras fuertes crisis.

¿Qué es la ansiedad generalizada?

A diferencia de la ansiedad anticipatoria, se presenta de forma continua y no con picos y crisis. La característica principal es un estado mantenido de tensión y nerviosismo con preocupaciones constantes sobre acontecimientos que se prevén como desagradables o peligrosos, por ejemplo miedo a que un familiar coja el coche y tenga un accidente, previsión de perder el trabajo y tener dificultades económicas,…

La persona está nerviosa, de mal humor irritable e insatisfecha, la tensión mantenida resiente los músculos y diversas zonas del cuerpo, así como se manifiestan diversas alteraciones en el patrón del sueño.

¿Qué son las fobias?

Se trata de temores excesivos e irracionales ante situaciones en los que la mayoría de las personas no se asustan o en todo caso generan un cierto malestar, por ejemplo estar durante un determinado periodo de tiempo en un ascensor puede provocar incomodidad o malestar en la mayoría de las personas, ahora bien, si estamos hablando de una fobia, se trata de personas que en caso de hacerlo pueden llegar a sufrir una crisis de pánico.

Existen infinidad de fobias posibles, en realidad cualquier objeto o situación puede desencadenar temores fóbicos; los más frecuentes suelen referirse a: animales (perros, arañas, palomas,..), ambiente (espacios cerrados o abiertos), sangre, inyecciones o daño corporal o transporte (viajar en coche, avión,..). Debido a su especial importancia, es necesario mencionar:

  • AGORAFOBIA: miedo a situaciones donde escapar puede ser difícil (o embarazoso) o en el caso de presentar alguno de los síntomas de ansiedad (mareos, sensación de ahogo,..) no se puede obtener una ayuda inmediata. Se produce a través del siguiente proceso: aparece la primera crisis de ansiedad en un lugar determinado de forma típica, la persona comienza a evitar lugares o situaciones donde se produjo, poco a poco se van reduciendo en número de lugares donde la persona se encuentra segura: evita estar solo, las concentraciones de gente, lugares con mucho ruido,.. en el caso de tener que enfrentarse a ella, lo hace en presencia de una persona de confianza de quien comienza a depender de forma enfermiza.
  • FOBIA SOCIAL:   se trata del temor a aquellas situaciones de tipo social o público donde la persona se siente observada generando así miedo a ser censurado con previsión de bochorno y humillación pública.

¿Hay muchas personas que sufren ansiedad?

Se calcula que entre el 1,5 y 3,5 % de la población puede sufrir este trastorno aunque se ha descrito que un 9,5% de la población puede presentar una crisis aislada a lo largo de su vida. Lo más frecuente es que aparezca entre los 20 y 45 años, siendo 2ó 3 veces más frecuente en las mujeres que en los hombres.

¿Son imaginaciones suyas?

No. Los síntomas que experimenta una persona durante la crisis son reales, tanto como los que sufrimos tras un susto o sobresalto (palpitaciones, sudoración excesiva,…). La persona, ante lo real de   sus síntomas corporales, en muchas ocasiones le cuesta aceptar que estas manifestaciones fisiológicas sean de origen psíquico y prosigue en la búsqueda de causas médicas.

¿Son sus síntomas independientes de las circunstancias que le rodean?

En muchas ocasiones parecen no existir motivos aparentes para que una persona presente un cuadro de angustia en un momento dado, ahora bien, si se profundiza en su origen, no es raro que se encuentren determinadas circunstancias de la vida que están pasando desapercibidas. (problemas familiares, pérdidas,..). En otras ocasiones puede ser consecuencia de acontecimientos positivos como por ejemplo el nacimiento de un hijo que sin embargo aumenta las posibilidades y limita la autonomía personal.

¿Son las personas con estos síntomas más débiles que los demás?

No es así, la persona que manifiesta un trastorno de angustia, no necesariamente tiene que tener un trastorno de personalidad previo. Las crisis de pánico pueden aparecer en una multiplicidad de personas independientemente de que antes se hayan mostrado seguras o inseguras de sí mismas; sin embargo, a pesar de que el trastorno no implica necesariamente falta de voluntad, si es importante que la persona que lo sufre no se abandone a la desesperación e impotencia ya que todos los esfuerzos que realice para su superación son sin duda más beneficiosos.

¿Puede acabar con una enfermedad física o grave o morir por este trastorno?

Una persona con trastorno de angustia puede desarrollar otras enfermedades físicas pero no tiene porque ser consecuencia directa de este trastorno. Tras una exploración cardíaca, suele determinarse que las palpitaciones son benignas no siendo necesario ningún tratamiento específico en la mayoría de los casos. Las investigaciones demuestran que el mayor riesgo de enfermedad cardiovascular no esta relacionado directamente con las crisis sino con el estilo de vida adoptado como puede ser el sedentarismo consecuente al miedo a salir de casa y volver a sufrir otras crisis.

¿Puede llegar a perder totalmente la cabeza?

Es muy poco probable, fuera del momento agudo de la crisis, la persona que lo manifiesta es totalmente consciente de sus actos siendo capaz de juzgar de forma razonada a pesar de reconocer que muchas de sus conductas puedan parecer desproporcionadas o sin sentido.

¿Puede afectar a su sexualidad?

Debido al propio estado anímico y de preocupación mantenida, no es infrecuente que la persona haya disminuido su interés o capacidad de disfrutar con estas relaciones, lo mismo que ocurre con el resto de “apetitos” (alimentación, intereses personales,..). Existen casos en los que las personas, conscientes de la activación que se produce durante las relaciones sexuales (aumento de la frecuencia cardíaca, ritmo respiratorio,…) evitan mantenerlas por temor a que estas precipiten una crisis de ansiedad.

¿Qué ha de tener en cuenta si le recetan pastillas para dormir?

  • Evite la automedicación: siempre debe ser pautada por su médico de referencia tanto al inicio como cuando se dejan de tomar; no debe olvidar que un mal uso de la medicación le puede generar una dependencia innecesaria a la misma.
  • Tenga especial cuidado si se levantamos por la noche o al despertar ya que se encontramos en un estado de especial somnolencia que puede ocasionarle algún tropiezo o caída.
  • No consuma bebidas alcohólicas y ponga especial cuidado en conducir o manejar máquinas peligrosas.

¿Qué puede hacer ante una crisis de angustia?

  • Reconozca los indicadores que le indican que está usted ante una crisis de angustia y saber que, pesar de pasar un mal rato, no va a durar para siempre y va a finalizar.
  • Recuerde que, a pesar de parecer eterna, la crisis llega a su pico máximo en escasos minutos, por lo que hay que intentar despreocuparse de su duración puesto que sabe que va a finalizar.
  • Busque ayuda sin alarmismos, si se encuentra entre un grupo de personas, puede comentar simplemente que se encuentra indispuesto y pedir a alguien de confianza que le acompañe a un lugar tranquilo o bien usted solo.
  • Evite centrar su atención de forma mantenida en los síntomas: cuanto más se fije en las partes de su cuerpo que funcionan mal, más sensible se encuentra ante los mismos, es más adecuado desviar la atención hacia otros estímulos ambientales: conversaciones, televisión,…
  • Respire de forma pausada, la sensación de falta de aire puede obligarle a respirar muy rápido, debe tener en cuenta que por un lado la sensación de falta de aire es más subjetiva que real y por otro el hecho de que nadie se ha ahogado por una crisis de angustia incluso en el caso de llegar a perder la consciencia, los propios mecanismos reguladores de su organismo facilitan que el ritmo respiratorio vuelva a la normalidad.
  • Si el corazón late muy deprisa, recuerde que no sufre un ataque cardíaco inminente, si espera unos minutos comprobará que su corazón recupera progresivamente su ritmo.

A continuación les compartimos un interesante vídeo relacionado con esta temática.

 

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