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CÓMO DESPEDIRSE DE UN SER QUERIDO

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En primer lugar nos gustaría exponer que no se puede evitar el paso del dolor y la tristeza de la despedida. El dolor por la pérdida es el precio que “pagamos” por querer a alguien. Desde el punto de vista psicológico, despedirse no es un acto, sino un proceso similar al de una herida por ello hemos de reconocernos heridos, gritar y llorar si hace falta, pedir ayuda, desinfectar la herida, curarla y esperar a que cicatrice.

Para que podamos hacer un proceso de despedida saludable, os planteamos algunas recomendaciones:

1º- No auto engañarse

El primer paso para aprender a despedirse es que el que esté apegado a la pérdida de un ser querido se de cuenta de que lo está y tome conciencia de su proceso sin auto engañarse.

2º- Adaptarse a la nueva vida.

Otra de las tareas necesarias de aprender es la de adaptarse de nuevo al mundo que nos rodea sin la presencia del ser querido y esto implicará, entre otras cosas, un cambio de roles en las tareas personales, domésticas y familiares.

3º- Calibrar bien cuándo es el momento de despedirse.

Las despedidas necesitan ser realizadas de acuerdo a su proceso de maduración. Cada persona tiene su ritmo, por ello os recomendamos que la persona respete el suyo propio y sobre todo el de los demás, sin acelerarlo o marcar de forma impuesta un ritmo no elegido por la persona que está en proceso de duelo.

4º- Aceptar todas las emociones que el proceso conlleva,

Puede que aparezca el sentimiento de culpa, y en ocasiones nos parecerá absurdo…sin embargo, es preciso dejar que el sentimiento vaya siguiendo su ritmo sin retenerlo ni pelearse contra él. Gestionarlo de forma saludable, valorando los aspectos positivos y negativos de nuestra relación con el fallecido y siendo menos inflexibles con nuestro comportamiento en el pasado permitirán eliminar la carga emocional propia de la culpa.

Aceptar el duelo supone:

  • llorar todo aquello que se acumuló atrás,
  • limpiarse a través del llanto,
  • gritar si se necesita,
  • expresar enfado y frustración, rabia o impotencia

Más tarde o más temprano aquellos que evitan toda expresión emocional de forma consciente, tendrán una carga emocional derivada de dicha gestión emocional inadecuada y probablemente con mayor probabilidades podrán llegar a tener un cuadro clínico depresivo. Vivir sanamente el duelo consiste en dar un espacio y un tiempo a los sentimientos ambivalentes que aparecen tras una pérdida.

5º- Cerrar los asuntos pendientes.

No nos referimos solo a los asuntos materiales si no también a los internos, sobre todo en la expresión de emociones y pensamientos nunca dichos. Es frecuente que cuando arrastramos algún asunto pendiente, dentro de nosotros nos parezca enorme, pero que cuando logramos sacarlo y expresarlo nos damos cuenta de que quizá lo hemos estado distorsionando.

Se trata de hacer una despedida simbólica. Escribir en general es muy recomendable, ya que ayuda mucho a expresar de forma sana nuestras emociones y cerrar procesos pendientes: cartas de despedida, cartas en las que se pide perdón si creemos haber actuado de forma equivocada con esa persona o que no hemos sido justos con ella en algún momento clave, cartas en las que se dan las gracias, o incluso la opción de escribir un diario del propio proceso de duelo.

6º- Aceptar lo definitivo de la pérdida

La muerte de un ser querido no tiene vuelta atrás y sólo cuando somos capaces de aceptarlo, estaremos preparados para decir adiós y desprendernos de lo que se va.

El objetivo del duelo es la definitiva despedida interior que le damos a esta persona, la aceptación de la pérdida y la disposición a incorporarnos de nuevo a la vida. Sólo con la aceptación de lo definitivo de la pérdida, podremos volver a enfocar la energía y nuestro amor a otras personas.

7º- Aceptar el legado. Es decir, valorar qué nos deja esa despedida.

En toda pérdida podemos guardar para nosotros algo positivo que nos aportó la relación con aquella persona que se fue: actitudes de la persona que se despide, aprendizaje de nuestros fallos relacionales, vivencias, valores, recuerdos…

8º- Celebrar el ritual de despedida.

Cuando la despedida deja un gran vacío en nosotros es importante que podamos celebrar de despedida.

En la mayoría de las culturas la expresión de dolor individual tiene un lugar en los ritos públicos, sin embargo, en este momento de la crisis sanitaria del COVID-19, coartamos esta expresión y ha sido imposible la despedida de forma adecudad. Por otra parte, en nuestra sociedad actual, en los funerales se espera una expresión emocional más controlada, mucho más contenida y apenas existente.

Apenas se viven ya aquellas explosiones y gestos desgarradores de dolor, rabia y desesperación que vivieron nuestros abuelos y abuelas…y por profundo que sea nuestro dolor parece que no está bien visto socialmente manifestarlo de forma abierta en público.

9º- Darse tiempo para cicatrizar la herida. Es decir, permitirse “vivir el luto”:

Aceptar la inestabilidad emocional, apatía, aislamiento, tristeza desgarradora…En el caso que este tipo de expresiones emocionales dura más de 12 meses de forma intensa o si el tiempo se alarga demasiado es conveniente buscar ayuda, acudir a un grupo o atención profesional.

10º- Dejarse encontrar por la vida.

Consiste en ir aceptando con alegría y sin culpa los nuevos regalos de la vida, una vez realizado el proceso de aceptación de la pérdida.

 11º- Pedir ayuda si se necesita.

Dar la oportunidad a los amigos y seres queridos que estén al lado. Recordar que muchos quieren compartir su cariño, pero no saben la manera de hacerlo. Pedir lo que se necesita.

Un duelo ha sido elaborado de manera saludable cuando podemos recordar al fallecido sin que afloren sentimientos de tristeza, dolor o rabia y cuando hemos aprendido a vivir sin él. Cuando hemos dejado de vivir en el pasado y somos capaces de invertir toda nuestra energía en la vida presente, en establecer nuevas relaciones significativas y aceptar la vida y podemos llegar a sentir una profunda gratitud por haber compartido durante un tiempo nuestra vida con esa persona.


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